viernes, 28 de diciembre de 2012

Yo, no olvido


La vida se encarga por si sola de superar la ficción, una ficción que nunca imaginamos y que está más cerca de nuestra realidad de lo que en algún momento hemos podido creer o presentir. Abrimos nuestros ojos cada día creyendo que vivimos en un mundo seguro, confiando que nuestras situaciones cotidianas van a ser las que hemos previsto, las que hemos planeado, y cada día, normalmente, suele pasar lo que creemos que va a pasar. En esa rutina, nos suceden hechos sin importancia a los cuales les damos un significado mucho mayor del que tienen y basamos nuestra infelicidad en pequeños gestos que no podemos llevar a cabo.

Y de pronto, esa realidad, que parece segura, se desmonta, es arrasada totalmente por algún hecho incomprensible, por un acto de maldad o por un desenlace inevitable.

Hoy, una familia, un pueblo entero, un país ha despertado con la peor de las noticias, y es que no hay mayor maldad que hacer daño a un bebe, pero peor es, quitarle el derecho a la vida, a su crecimiento, a su autonomía. Y los motivos no importan, no hay ningún tipo de excusa para justificar un acto tan extremadamente antinatural.

Miriam, a la que la mayoría no conocíamos, pero si sabíamos de su existencia, una niña de ojos grandes, morenos, de sonrisa amplia, repleta de esa alegría y entusiasmo por la vida como solo un niño puede tener. Exenta de toda culpa, maldad o codicia, fuera de todo problema, únicamente empeñada en vivir, crecer y sonreír a la vida, que es lo que mejor hacen los niños: disfrutar del presente. Algo que perdemos en el momento en que crecemos y nos convertimos en lo que somos cuando dejamos de ser niños. Miriam, que solo se define como Vida. Miriam, que no conocíamos pero que todos recordaremos. Esa infancia arrebatada, esa vida eliminada.

Y cuando esto sucede, vuelves a la realidad, no a la cotidiana, sino a la verdad, a la que parece ficción pero no lo es, a la que la mayoría de las veces volvemos la cara, cegamos los ojos y apartamos nuestra cara. A la que sucede día a día cerca de nosotros, en otro lugar, en otro continente, pero por estar lejos parece que no existe. Pero sí.

Y ahora que tenemos los ojos abiertos, que tenemos la suerte que Miriam nos ha vuelto a la verdadera realidad, y que ella, vivía con tal pasión en su mente infantil, ¿Qué hacemos?

No quiero olvidar lo que ha pasado, no quiero volver a esa realidad ficticia en la que solemos vivir con tranquilidad y comodidad. Quiero estar con los ojos abiertos, poder estrechar la mano, quiero levantarme por la mañana pensando y creyendo que la vida de Miriam, sus 16 meses ha tenido su sentido, su finalidad. No permitamos que esto ocurra, no se como hacerlo, ayudémonos entre todos. Busquemos una solución, empezando desde arriba hasta abajo. Se que hay actos que son inevitables, pero ¿donde esta el límite de lo evitable?

Mi primer paso son estas letras, mi segundo la expresión de la condena a todos los responsables que han tenido que ver en esta atroz maldad, mi tercer paso es tender mi mano a la familia, mi cuarto paso es ofrecer mi ayuda a quien lo necesite y tenga miedo o piense que esto pueda pasar, mi quinto paso es mi protección activa de la infancia, mi sexto paso es querer abrazar tu mano y ayudarnos, aprender de ti y de todos.

Este pueblo ha tenido hoy una sola voz, y esa voz no se puede apagar, por Miriam, por Ruth, por José, por Ana María… por todos esos niños que ya no están y que se fueron a un lugar mucho mejor y del que seguro vivirán con su entusiasta manera de disfrutar de todo. Por ellos, yo no olvido. 

1 comentario:

  1. Sin lugar a dudas una ventana abierta a la reflexión.

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